AURA STATEMENT

Arquitectura
Visual

En la arquitectura visual de mi obra, la línea constituye el primer impulso de la imagen. Parto de un modelo que proporciona una referencia para la figura, aunque es el gesto automático el que abre el desarrollo del dibujo e incorpora aquello que todavía no ha alcanzado una formulación consciente. La línea avanza sobre la superficie mediante reiteraciones, cambios de dirección y variaciones de intensidad que introducen nuevas relaciones dentro de la composición; a medida que prolifera, algunas zonas adquieren mayor concentración, ciertas direcciones cobran predominio y otras se interrumpen o pierden fuerza.

Entiendo por ello el dibujo como un proceso de decantación, mediante el cual esa proliferación inicial va adquiriendo progresivamente un orden. La reiteración del trazo produce superposiciones, concentraciones y ritmos que establecen jerarquías sobre la superficie, de modo que aquello que en un principio responde a un impulso más abierto comienza a encontrar, en el propio curso del dibujo, relaciones capaces de conferir cohesión a la imagen. El modelo permanece como referencia figurativa, aunque deja de gobernar el proceso a medida que las decisiones compositivas comienzan a responder también a las relaciones que las propias líneas establecen durante su desarrollo.

En la pintura, este principio adquiere espesor material mediante la superposición, pues la figura humana se articula a través de estratos de líneas, papeles y color correspondientes a distintos momentos de su construcción. Cada nueva capa interviene sobre la precedente, encubre parcialmente algunas zonas y mantiene otras expuestas, haciendo que el cuerpo incorpore en su propia superficie las huellas de las sucesivas etapas que le dieron forma. Su espesor procede de esa estratificación, donde los estados anteriores permanecen parcialmente visibles y continúan actuando dentro de la configuración alcanzada, de manera que la superficie pictórica conserva materialmente parte del proceso que la constituyó.

En mi práctica fotográfica análoga, la construcción de la imagen se articula a partir de la relación que establezco entre la figura y el espacio, haciendo que aquello que la rodea participe en la expresión de su estado interior. Puertas, ventanas, muros, rejas, cadenas y otros límites físicos dejan de funcionar como elementos circunstanciales del entorno cuando sus direcciones, curvaturas, divisiones o márgenes entran en tensión con el cuerpo y adquieren una correspondencia con aquello que este expresa. El espacio puede contener la figura, comprimirla o ser desbordado por ella, de manera que una condición interna encuentra una prolongación visible en las relaciones que organizan la escena. La luz participa de esta misma construcción expresiva mediante contrastes pronunciados que hacen emerger determinados cuerpos o fragmentos mientras otros permanecen absorbidos por la oscuridad. El uso recurrente de película Tri-X responde a esta búsqueda, ya que su respuesta tonal me permite intensificar esas oposiciones lumínicas y conferir a la imagen una teatralidad deliberada, donde luz, sombra, cuerpo y espacio intervienen conjuntamente en la expresión de aquello que la figura encarna.

En mi fotografía digital, la imagen se construye en el umbral entre aquello que adquiere una presencia física y aquellos aspectos de la experiencia que, aun siendo perceptibles, carecen de un equivalente directo en lo visible. El movimiento y el desenfoque erosionan la nitidez de los contornos y vuelven permeables los límites entre las formas, de manera que la luz deja de permanecer circunscrita a los volúmenes sobre los que incide y se difunde a través del campo visual, desdibujando la separación entre cuerpos y espacio; la superposición lleva esta alteración más lejos al hacer coexistir, dentro de una misma imagen, capturas procedentes de lugares o momentos diferentes. Los fragmentos se atraviesan, se encubren y permanecen visibles con distinta intensidad, de manera que la fotografía pierde la correspondencia habitual con un instante detenido. Su inmovilidad material contiene, paradójicamente, un movimiento que continúa ocurriendo en el interior de la imagen, donde las formas se prolongan, se disuelven parcialmente y reaparecen, al tiempo que momentos distintos comparecen de manera simultánea, liberados de una relación de anterioridad y posterioridad. La fotografía queda así desvinculada de un presente fotográfico y conserva, pese a su condición estática, un movimiento que permanece abierto, sin resolverse en una secuencia temporal.

Mi arquitectura visual parte de una insuficiencia que reconozco en la apariencia inmediata de las cosas. Lo visible constituye siempre el punto de partida, pero no alcanza por sí solo a contener todo aquello que interviene en una experiencia. Por esta razón, construir una imagen implica para mí ampliar su capacidad de hacer perceptible aquello que inicialmente no comparece en ella. El gesto automático permite que el dibujo incorpore impulsos que todavía no han sido formulados conscientemente; la estratificación hace que la pintura conserve en su materia distintos estados de una misma figura; en la fotografía, el espacio y la luz pueden asumir una dimensión expresiva que prolonga la interioridad del cuerpo, mientras el movimiento, el desenfoque y la coexistencia de distintos registros permiten aproximar la imagen a aquello que puede ser experimentado sin poseer un equivalente directo en lo visible.

La construcción de la obra responde, en consecuencia, a la necesidad de extender los límites de la representación sin abandonar aquello que la hace reconocible. No busco sustituir lo visible por otra realidad, sino llevarlo hasta un punto en que pueda contener relaciones, intensidades y estados que exceden su apariencia inmediata. La arquitectura de mi obra se constituye precisamente en esa ampliación, cuando la forma deja de limitarse a mostrar lo que puede verse y adquiere la capacidad de hacer perceptible aquello que también pertenece a la experiencia, aunque no se presente originalmente ante la mirada.

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Articuladora de Mundos

AURA · MANIFIESTO
El acto artístico ha perdido su intensidad, su huracanada fuerza para parir pensamiento y desplegar percepciones que hagan emerger el mundo desde el útero vital de la obra. El acto artístico ha perdido su intensidad, su huracanada fuerza para parir pensamiento y desplegar percepciones que hagan emerger el mundo desde el útero vital de la obra.
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